Era temprano en la mañana. Aún estaba en pijama, sentada en el sillón de mi casa viendo televisión. En mi mano derecha sostenía una taza llena de una dulce chocolatada fría y en la izquierda sostenía el control remoto. A pesar del horario, había descansado muy bien y me encontraba completamente relajada y tranquila. Ningún pensamiento estresante alteraba mi plácida mañana y nada me distraía de la televisión.
Mi gato, Rambito, se acercó a mi maullando. Acaricié su suave pelaje, que parecía tercipelo. Adoraba acariciarlo, me relajaba al igual que el suave ronroneo que producía al hacerlo. Luego de un corto plazo de tiempo, el minino subió a mi falda para restregarse en mí. No me molestó en absoluto, en parte porque aparentemente nada podía perturbar mi tranquilidad y, por otro lado, porque amo a los animales inmensamente y sobre todo a mis mascotas.
El tiempo siguió transcurrendo en paz y quietud hasta que algo, que mis torpes sentidos humanos no percibieron, alteró a Rambito. Éste reaccionó, primero, poniendose de pie en un salto y observando hacia la cocina con las orejas en alto y los ojos atentos. Luego, pareció asustarse con algo y se agazapó, listo para salir corriendo en caso de ser necesario. Por último, su cola se infló hasta parecer un pompón y, manteniendo la posición agazapada, comenzó a producir el gutural sonido que producen los gatos cuando se enojan o alteran. Para cuando reaccioné, ya estaba escondido detrás del sillón.
Eso no era normal en absoluto, por lo que me puse en pie y desocupé mis manos dejando los objetos en la mesita de café para dirigirme hacia la cocina. Estaba un poco asustada, pero tal vez era sólo un gato vecino que estaba en mi patio, probablemente Rambito lo había visto por el ventanal de la cocina y se había asustado con éste.
Mientras pensaba en eso llegué a la cocina, pero no vi nada. Me acerqué lentamente a la puerta que conectaba con el patio trasero y corrí un poquito la cortina de la ventana que estaba en la mencionada puerta para asomar mi cabeza con lentitud. Desgraciadamente, no tenía una muy buena viasta desde ese ángulo, ya que la puerta con mosquitero que estaba abierta no me permitía ver el patio completo. Sin embargo, miré cautelosamente para asegurarme de que nada se moviera allí. No me animaba a salir porque estaba sola y aunque hacía intentos estúpidos por convenserme a mi misma de que era solo un gato vecino, sabía bien que podía ser un humano con intensiones maliciosas. Me mantuve inmóvil durante unos minutos hasta que noté una sombra inusual. Mientras intentaba descifrar qué era, se movió y parecía ser un brazo estirándose. Contuve un grito y me eché hacia atrás, cayendo al suelo violentamente. Gateé frenética hacia la puerta para ponerme fuera de la vista de lo que sea que estuviese en mi jardín y me tomé un momento para devolverle el aire a mis pulmones y calmar mi agitado corazón. Una vez que logré tranquilizarme un poco me arrastré silenciosamente hacia el ventanal para poder ver el pedazo del terreno que no lograba ver desde la ventanita de la puerta. Una vez que estuve a casi inexistentes centímetros del cristal, corrí cuidadosamente un poquito de la cortina para poder asomar un ojo y espiar. Me asomé con exagerada lentitud y miré temblorosa. Lo que vi me petrificó totalmente, no lograba respirar y sentia que la sangre se había congelado en mis venas. Tardé un segundo en asimilar lo que estaba viendo y creerme que era real. Había un joven de pie, levemente agachado y con una mano sosteniendo la muñeca de otro que se encontraba en el suelo, retorciéndose en un forzado silencio. Estaba conteniendo gritos de dolor, pero no podía evitar un inquietante jadeo desesperado y un gesto deformado en su cara. La nariz le sangraba y su rostro brillaba de sudor.
Mi espanto aumentó a un nivel impresionante cuando noté que el hombre causante de ese agobiante dolor mostraba felicidad en su rostro: estaba riéndose silenciosamente. Entonces, me vio. Me atravesó con una potente mirada y noté cuán joven era: probablemente unos 15 años, igual que yo. Su sonrisa se desdibujó automáticamente y se convirtió en odio, temor y violencia. Soltó brúscamente al otro jóven y me miró mientras comenzaba a maldecir a los gritos y entre dientes. Mi parálisis terminó velózmente, como si reviviera de golpe, y me lancé hacia atrás, golpeandome la espalda con la pata de una mesa. Esto me causaría mucho dolor en cualquier momento, pero en ese instante no sentí nada: mi mente estaba demasiado ocupada con mi desesperación como para enviarme la respuesta de los nervios que percibieron el dolor. Me puse en pie lo más rápido que pude y corrí hacia el living, al lado contrario de donde estaban esos extraños intrusos. No volteé la cabeza hacia donde me dirigía, ya que no podía dejar de observar a las dos personas que se revolvían inquietos en mi patio trasero. El que estaba en el suelo ya se había puesto en pie y corría hacia la puerta, cuando el otro adolescente lo tomó de la ropa, deteniendolo inmediatamente en el lugar. Sólo pude reparar en su rostro velózmente y noté, extrañada, que esa imágen de odio que tenía antes en el rostro había cambiado por una sonrisa macabra y me miraba con un cierto sarcasmo que no pude entender al momento.
Cuando volteé hacia adelante para seguir huyendo, choqué con algo que estaba inmóvil pero parecía ser algo blando, como una persona. Retrocedí unos escasos centímetros para poder ver, horrorizada, con qué había chocado. Otro chico estaba de pie frente a mí. Era jóven como los otros dos y al ver su cara, noté que era como una fotografía del anterior, ya que tenía exactamente la misma expresión sádica y macabra, esa sonrisa que me hacía temblar. Y es exactamente lo que cada músculo de mi pequeño cuerpo femenino hacía: temblar descontroladamente.
Grité inesperadamente fuerte y retrocedí, aunque no lo suficientemente rápido, ya que el indivuduo que estaba de pie frente a mi, me tomó fuertemente por los hombros con un brazp y me tiró al suelo con facilidad, utilizando su pierna para desestabilizarme. Eso fue muy simple para alguien como él, entrenado por un total loco sádico: alguien que se divierte con el sufrimiento ajeno y cuyas ideas de entretenimiento son las peleas a muerte por motivos irracionales y el constante odio hacia sus pares. Ése era el tipo de persona en la que este sujeto iba a convertirse, atacando a chicas flaquitas e indefensas en sus propios hogares y riéndose de su miedo. Pero no conmigo. No iba a ser la víctima que le diera la costumbre de aprovecharse de alguien más débil. No iba a permitir que me lastimara sin razón existente. Por lo tanto, cuando estaba en esa posisión tan desventajosa para mí, en el suelo y con un adolescente mucho más grande, pesado y fuerte que yo sosteniendome por el hombro, mi única mentalidad fue PROTEGERME. Cuando aún estaba revotando en el suelo junto con él, alargué mi brazo derecho y clavé dos de mis dedos en su tráquea con fuerza. Eso lo hizo toser y le provocó dificultades para respirar normalmente. Esto me dio pequeños y sagrados segundos para actuar. Aproveché el leve erguimiento causado por el dolor para zafar de su brazo y alejarme lo suficiente como para ponerme en pie. Cuando aún estaba levantándome, él estiró su brazo con fuerza y vi un puño cerrado dirigiéndose a mi cara. Rápidamente utilicé un movimiento de karate cuyo nombre no recuerdo. Así logré desviar su brazo y aproveché el fuerte envión de su golpe para, moviéndome, empujarlo hacia mi antigua posición. Con un poco de fuerza extra lo tuve en el suelo. Sólo bastaron tres fuertes y desesperadas patadas en su cabeza para dejarlo casi inconciente.
Mientras él intentaba levantarse, desorientado por los golpes, los otros dos que estaban en mi patio trataban de forzar la puerta. No iban a estar demasiado tiempo intentándolo antes de romper el ventanal, asi que tomé mi celular y salí corriendo a la calle. Una vez afuera seguí corriendo hasta una tienda que estaba a una cuadra, mientras llamaba al 911.
_911, ¿Cuál es la emergencia?
_ ¡Hay tres hombres en mi casa, uno de ellos trató de agredirme pero logré escapar!_ Grité con voz aguda y entrecortada por los nervios.
_Díganos la dirección de su casa.
Llorando y desesperada, le di mi dirección e ingresé en la tienda. Habían sólo 3 mujeres y un hombre barbudo en la tienda y todos ellos me miraron extrañados al verme entrar en pijamas, descalza, llorando y temblando.
_Por favor..._ logré decir_ Por favor, permitanme quedarme acá hasta que..._ Se me cortó la voz y comencé a sollozar entre jadeos. Una empleada de la tienda se me acercó y me tomó la mano.
_Vení, ¿querés un poco de agua? Contame qué te pasa.
_No, no..._ Dije con voz temblorosa_ Es que... Unos hombres estaban en mi patio y... Uno estaba adentro, no se como entró...
No pude continuar. Todos en la tienda me rodearon y comenzaron a decirme cosas como "tranquila" y "todo está bien".
Una patrulla estacionó en la puerta de la tienda y un oficial ingresó en ésta. Me dijeron que no lograron atraparlos, que se fueron por los techos, incluso el que yo había golpeado. Mis padres me atacaron con preguntas, abrazos, besos y preocupación cuando llegaron.
Desde entonces no logro dormir una noche entera sin recordar esos extraños adolescentes, esa sonrisa macabra, esa expresión de dolor... Nunca más logré tener una mañana de tranquilidad como aquella.
Fecha: 12.12.2009 - Autor: Fantasia

05.01.2010 - Fabian
Muy bueno.
16.12.2009 - Camila.
Un gran cuento :d
de verdad me guso (:, me dio
un singular miedo, en la parte, donde
rambo se altera :o
tequiero dany.
-kamila [dueña deqiara&nisso] %u2665.
17.12.2009 - Camy
Oh my dyos! :| yo qe tu, nose xd me
cambio de casa xd! woo, qe feo, encyma
stabaas sola o.O (? besytos, qe escalofriante
historia, me iso temblar los pies o.O :$ jaja :p
besytos:p
camy.
17.12.2009 - Fantasia
Jajaja! no es una historia real, la inventé ;).
17.12.2009 - Joana
Muy buen cuento(: esta bueno :) sentí un frio viento por mis pies cuando leí lo de tu gatito :o! y también esa parte de cuando viste a ese chico ! dentro de todo, esta buenisimo :d.
26.02.2010 - Anis
Como se llama la cortina que dice vida alguien tirapara atras
gracias.
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