Sentado en la costa del arroyo Alcaraz, sobre un pedazo de rama seca, torcida, lisa por el accionar constante del agua, que como un espejo ,extendía su pie, bien dicho su pie por que tiene uno solo. Estiraba su figura hasta perderse en la profundidad, como los rayos del sol, iluminando y dejando sombras entre las raíces de los camalotes. Sólo alterado por las ondulaciones suaves, dibujadas por el ir y venir de las mojarras que persiguen las larvas de mosquitos que el verano siembra en cada charca.
Su única vestimenta, esa pipa de constante humo colgando de sus labios dándole un aire de pensador distraído; ojos negros, de rasgos indios de creación, moreno en su esconder.
Es extraño... pocas veces anda un duende de día y menos aun, quieto, reposado. Son... Son de andar de noche, por eso el color oscuro, donde solo se puede ver el brillo de sus ojos, entre decenas de luciérnagas o acaso, en el movimiento suave de las ramas que delatan y esconden su trajinar. Algunos comentan haberlos visto, en noches en que la luna es dueña de cielo y tierra, y los nderepicha bigote chai ( vizcachones), con sonidos de tamborines nacidos del golpetear de sus patas traseras contra el suelo , dan música al monte, mientras las vizcachas mas jóvenes en coreografía de corrida y saltos ponen vida al reflejo de la luna . Él dirige el baile... Mientras que con el dedo meñique revuelve las brasas de su pipa.
De día queda debajo de la hoja de algún junco, o en huecos que quedo al descubierto en la barranca del arroyo cuando bajo el nivel del agua, siempre que no le haya ganado de mano algún martín pescador en el anidar.
Son de asustar a las pollonas que aleteando ruidosamente salen como corriendo sobre el agua, también ayudan en la construcción de nidos a las aves jóvenes, como cruzar los palitos y mezclar las hojas y atarlos fuertemente para que el viento no los lleve. Los nidos de los gusanos palitos, son hechos por él, de esta forma: las hormigas les acercan los palitos que cortan y él con los ovillos que el gusano le da, lo teje y teje. Los pájaros lo consultan y son de defender a los pichones, esconderlos cuando hay peligro, enseñarles a volar y cantar.
. Pero... Con los humanos, es diferente, trata de que no se acerquen, si los guríes, se extralimitan e invaden las lagunas que habita, los asusta, con un temblor en los junquillos, con el sonido no localizable de la torcaz o pinchándole la gomera. Otra forma que andan de día, es en el campo, cuando calor y el viento norte levantan remolinos, se lo ve bailando en el medio, en el extremo del embudo, es por eso que tiene una sola pierna, por que su único dedo gordo sirve de punta de trompo en el remolino.
Es cuando se lo puede agarrar, pero hay que ser muy rápido y tener a mano una bolsa de arpillera con una soga que sirva para atar la boca y que no tenga previamente ningún agujero, que por más chiquito que sea, se escapa. Cuando lo tienes, debes seguir las siguientes recomendaciones: lo cuelgas en una esquina, donde corra aire y mojas una parte de la bolsa de lona, para que se refresque, por que sufre mucho del calor, pero con todo, no hay que tenerlo mas que un día y cuando es de noche se desata la boca de la bolsa en la rama de un limonero, o de un níspero o bajo la hoja de un zapallo.
No es de mucho hablar, pero escucha con atención y si lo que le dices le parece bien, como también tu proceder, arreglan para que todo salga de acuerdo a tus necesidades.
Pero... Lo encontré triste, sin sus picardías, y me intrigó, me fui acercando despacio, hasta que me senté a su costado. Me miro, y haciendo argollas de humo que su pipa desprende, con una rama que hace de bastón, me señala una de las tantas gotas, que se deslizaban provenientes del rocío. Miro y no comprendo que indica: veo solo una gota que cuelga de la punta de una hoja medio amarilla, entonces, siento su voz dentro mío, que me habla diciéndome:
Antes esta gota era transparente, cristalina, cuando amanecía las tela de araña se disfrazaban de innumerables diamantes que colgaban de sus hilos y descomponiendo la luz en pequeños arco iris, las flores tomaban brillo como lustradas y los picaflores absorbían néctar rebajándolo con el agua de esas gotas sacudiendo sus cabecillas y dando brillo a sus plumas.
Recuerdo, cuando se juntaban con otras tantas y juntas llegaban hasta el arroyo y en baile y baile, camalote, mojarras y burbujas de aire acompañaban describiendo surcos de valses.
Tantas veces las seguí, cuando entraban a la tierra, y se cargaban de alimento en los primeros centímetros, arrastrándolos mas al fondo, donde las bocas que las raíces tienen, las absorbían para después transformarlas en verdes hojas, flores de fuertes colores y frutos que colgaban en racimos, que al madurar, mis amigos los zorzales, calandrias, cardenales y los pajarillos del juncal los saboreaban.
Pero esa gota, que es, no llegó de las nubes, no fueron truenos los que del cielo se escuchaba,... Fue un ruido sordo continuo que pasaba de ida y vuelta y desde la panza de una gran ave se desprendía. Pegajosamente quedaba sobre las plantas, no se desliza, se queda prendida a las hojas y cuando al arroyo caen, aureolas desde ellas se desprenden. Las larva que tocaban quedaban quietas, por ciento morían, las mojarras flotaban también muertas y las plantas desde sus tallos miraban como sus hojas se secaban,
Vi como la pradera mostraba su panza de tierra y el viento con ciento de remolinos de hojas reseca, corrían y corrían, ya los pájaros no tenían flores, los huevos de mis amigas las perdices, se quebraban de solo mirarlos y los martín pescadores, morían al comer mojarras fácilmente atrapadas cuando flotaban en el arroyo.
En el monte, en tan solo este sector, estamos quedando la familia de la iguana, el zorro, el zorrino y entre el camalote alguna mojarra, y yo... Desapareciendo, me voy esfumando, son pocos los que me buscan, los pichones humanos no conocen de mi existencia. Este no es el monte los viejos quebracho y algarrobo con los que había compartido mas de cien años, se fueron, hasta sus raíces quemaron y con ellos los huecos de su ramas donde compartíamos el abrigo con nidos de pájaros, de zorrillos, de coatí, de gato montes y el guazuncho.
Tú me conoces, desde tu niñez, cuando el mediodía te amparaba en tu conquista del monte, supiste de tu miedo al sentirme cerca, en el cantar de las palomas, en la quietud de los palmares, pero siempre en el misterio de la existencia de lo real: pájaros ,lagartijas, animales ,tu gomera en el cuello y ese mas allá que te rodeaba cuando caminabas solo.
Pero como hacer para trasmitir todo esto, hoy a los nuevos humanos, con este paisaje con tan pocos personajes. Por eso te pido, pon todo lo tuyo para defender lo que viviste, tú que andas ,en diferentes lugares y llegas al mundo de los humanos.
Mientras esto trasmitía se esfumaba poco a poco, y me dejaba mis manos sudorosas y una mochila desordenada; la puse a mi espalda y me fui . No miré atrás tenia dos paisajes del mismo lugar: camine por la lomada árida de restos de cosecha buscando no se que . Un remolino que llega desde el bajo se detiene frente a mi ,da dos vuelta a mi alrededor y se aleja, siguiendo una punta de flecha que dibujan una bandada de patos en el cielo .Mi vieja bota camina entonces en sentido opuesto ,a ese lugar a que el va, lo defiende el, vamos donde tu viejo duende no puedes defender , y me aleje .Camine a mi viejo escritorio, donde dentro mío, sentado a la costa del arroyo Alcaraz con su único pie reflejado en el agua lo encontré .
Fecha: 12.02.2009 - Autor: Pancho54

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