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Pandorga

El agosto era ventoso y las rodillas escarchadas por lo blanco de la tierra mostraban nuestro andar, que ni el invierno podía sujetar. Pero allá íbamos ,calle de tierra, mas que calle, callejón empinado con fuertes cunetas, por sus costados cubiertas de garabatos, aromitos , chilcas y en el bajo, allá asomando por encima de todos; el tacuaral. Sobresalía, como un chorro de aguas verdes sobre la vegetación .Y era la bambú, la buena ,de un alto de hasta diez o doce metros, y en su base un enmarañado de tubos atados por sus raíces .
Pero nosotros, grandes conocedores, no mirábamos sus copas ,Sí, buscábamos aquellas tacuaras que estaban cortadas ,secas desde antes. Esas si las sacábamos y controlábamos que estén lo mas rectas posibles, que el espesor de sus paredes no sean tan gruesas y que no estén podridas. Y con este cargamento de sonoros tubos regresábamos a nuestro taller , en el patio de tierra, en una mesa vieja de madera de un solo cajón y restos de hule. Sobre ella cortábamos de un largo igual al de medir dos veces desde la punta de los dedos hasta el codo ,seleccionando la parte mas rectas de estas cañas y con la ayuda de un cuchillo la abríamos a lo largo, sacando diferentes varillas , las que comenzábamos a achicar por su espesor ,sin perder su rigidez y siempre sopesando si estaban listas, para poder después soportar el viento y a la vez volar, porque estas serán el esqueleto de nuestra futura pandorga.-
Eran dos varillas para una "común" ,tres o cuatro para la" estrella", o la " redonda" y mas para el "cajón" .Por la mitad, las atábamos ,primero a dos y la tercera cruzada y si usábamos una cuarta al final bien atadas en el centro para que no se corra, ya el esqueleto va tomando forma. Luego con el hilo contorneábamos por sus puntas atando , dando forma y rigidez a la estructura. La mayoría de las veces, la forrábamos con papel de diario o de astrasa ,pero cuando habíamos juntado unas monedas de los mandados o algún cambio olvidado por la vieja, el forrarla era otra cosa.-¡ Voy a hacer una estrella con papel rojo en la mitad de arriba y blanco abajo con los roncadores de blanco y rojo con bastante engrudo para que suenen bien y otra de azul y amarillo!- . De esta forma uno y otro de nosotros componíamos nuestro vuelo.
Ahora, ¡ Sí! A ganar la calle buscando el campito para poderla volar.
Por suerte agosto no nos hacia faltar una brisa sostenida ,para que nuestra pandorga pudiera trepar prendida a nuestro hilo y subía y subía. - Pero coleando! ...Seguro están mal los tiradores !...- Y con el mismo hilo mediamos si los tiradores superiores eran iguales y el del medio un poco mas corto.
Ya esta de nuevo buscando el cielo, con un movimiento suave de nuestro brazo los roncadores cantaban, trepaba y al soltarle hilo, se alejaba cada vez un poco mas. Danzaba su danza de reptil con su cola anudada y ya el cielo no era el cielo ,era nuestra pandorga y por detrás el cielo. Nos quedábamos extasiados y mareados mirándola como caminaba entre las nubes.
-Bueno... ya estamos arriba, mandemos notas - Y cortando un papel lo hacíamos subir y rápido llegar a la panza que dibuja el peso del piolin. Entonces, mientras que con la mano izquierda sosteníamos el palito soporte del obillo, con la derecha entre el pulgar y el índice hacíamos chasquear el hilo, para que la nota llegara hasta los tiradores, siendo de esta manera la forma de seguir nuestra ganas de conquistar el cielo. Y ,ahora, ¡sí! ya me fui a ese cielo ! y, desde el aire ,pasar por el fondo de mi casa ,ver los arboles desde arriba, saludar a los gorriones que asustados al verme buscaran los agujero de los paraísos , a los Suarez que mateando se encontraban en su vereda- patio, mientras Erebo barría su nerviosismo en flores de la tipa que bañara el césped de amarillo y mas allá Josefina cuida sus orquídeas, envidias de todas las vecinas. Sigo el vuelo y me llego hasta el almacén de Milessi, allá en la esquina donde se pone el sol a comerse las tortas de maíz, que dulcemente se guarda en la fiambrera y vuelvo y paso por el patio de los Báez, Magdalena ,María y Juan me saludan haciendo gestos,-¡ que locuras hago!, que baje! ,pero no puedo, vuelo suavemente vuelo y voy llegando a las nubes ,y se van perdiendo los patios y voy viendo todo el barrio, y ya un poco mas alto va entrando en mis ojos todo el pueblo y sigo volando ,y veo el camino por donde se llega y se va de este caserío y el río ,y ya pierdo el miedo de dormir fuera del dormitorio de la casa vieja, porque no soy yo que me voy ,es ese barrio viejo, es él ,el que tomo el piolín de mi pandorga y por medio de mi, vuela , viaja y viajará sin cortar su hilo por donde sigue mandándome notas .

Fecha: 12.02.2009 - Autor: Pancho54


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